Casa de hilos

"Y la casa antigua

siento su roja tibieza

viene de los sentidos al espíritu."

 

JEAN WAHL

 

Siempre me ha emocionado pasear hacia el monte, surcar el barranco y toparme con aquella casa en ruinas, sin tejado, solo unos muros solitariosm una escalera casi derruida que ascendía hacia ninguna parte. Este proyecto ha venido dado de la observación de una manera continua y vital de este lugar. En él, se siente la presencia de una casa, de las personas que la habitaron, agricultores probablemente que cultivaron las tierras de alrededor. Allí permanecen sus presencias. El objetivo fue materializar esas “presencias” con la poética de la ciudad de Ersilia de Italo Calvino. Allí no hay una casa en ruinas, aquella casa está todavía habitada, no por personas, sino por recuerdos.

 

“Desde la cuesta de un monte, acampados con sus trastos, los prófugos de Ersilia miran la maraña de los hilos tendidos. Y aquello es todavía la ciudad de Ersilia, y ellos no son nada” .

 

EL PROYECTO.

 

Bruce Nauman “La casa dividida”, el arquitecto Juan Navarro Baldeweg “La casa de la lluvia” o las casas literarias de Louis Gillaume “Casa de Viento”, o la de William Goyen “La casa de aliento”, todas son moradas de inmensidad, de levedad y de memoria, intentando atrapar lo eterno y lo efímero. “¡Con qué fuerza nos demuestran que las casas perdidias para siempre viven en nosotros! Insisten en nosotros pare revivir, como si esperaran que les prestáramos un suplemento de ser”, dice Bachelard. Sin duda alguna en estos espacios se mezclan realidad e irrealidad. Nosotros habitamos las casas y ellas nos habitan a nosotros. Siempre lo inexistente o lo que no está presente, es el origen de la poética espacial, y la intervención artística, canaliza esa poesía en sutiles existencias evocadoras de lo que no está, de lo eterno incorporal, o de lo efímero no presente.

 

Mi intervención en esta ruina, consiste en recuperar su memoria, en hacer de aquella casa un espacio cargado de memoria en cada hilo que la atraviesa. Los habitantes no están; los hilos de cobre contienen y son conductores de la energía de sus presencias, de los recuerdos que poseen aquellos muros que han pervivido en el tiempo; hilos de pared a pared, del suelo a la cima de los muros, hilos que ocupan el espacio que una vez fue habitado. La sensación de aquel espacio es de una totalidad construida; los hilos totalmente integrados hacen de aquella casa de muros gruesos y pesados, una casa llena de levedad, sutilidad que le hace levitar en nuestras mentes. El espectador no puede pasar, no puede atravesar el espacio, tan solo observarlo, rodearlo, aún así, la presencia de la casa, y del paisaje, envuelven al espectador haciéndolo protagonista de la acción que allí pueda estar sucediendo, ya que al estar en un espacio abierto y campestre, los sentidos no dejan de percibir sonidos, olores, visiones,… sublimados en la intimidad de nuestro pensamiento.

 

EL EMPLAZAMIENTO Y EL MATERIAL.

 

El proyecto consiste en una intervención en las ruinas de una casa semiderruida, situada en la ladera izquierda del Barranco de Corvales, perteneciente al municipio de La Zubia, en Granada. La casa construida mediante muros de carga a base de piedras y tierra del lugar, es utilizada como soporte para realizar un complejo entramado de hilos de cobre tendidos de muro a muro, y de suelo a muros, mediante anclajes a través de clavos. El color cobrizo del hilo utilizado se integra perfectamente con el color rojizo de la tierra con que están construidas las paredes, quedando totalmente camuflados y tan solo visibles, los sutiles brillos que desprenden con la luz solar directa. La maraña de hilos se asemeja a una tela de araña, por la invisibilidad y ligereza de los hilos así como sus brillos en determinadas circunstancias.

 

Una casa donde voy solo construyendo

un nombre que el silencio y los muros me devuelven

una extraña casa que se sostiene en mi memoria

y habitada por el recuerdo.

Yo la invento, mis manos dibujan los hilos.

 

¡Cuánto tiempo llevo construyéndote, oh casa!

A cada recuerdo tendía un hilo

del suelo a la cima de tus muros

y veía ocuparse el espacio

y tú te calmabas casi,

pensando que era imposible que algo demasiado grande

pudiera habitar en esta estrechez.

Casa de hilos, morada de recuerdos que al sol relucían.

 

 

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